Cada año, la Semana Santa en República Dominicana se convierte en una pausa necesaria: familias que se reencuentran, amigos que escapan de la rutina y miles de ciudadanos que toman carretera en busca de descanso. Sin embargo, hay una realidad que no podemos ignorar: el regreso a casa sigue siendo el momento más peligroso del asueto. La prisa, el cansancio, el alcohol y la imprudencia se combinan en una fórmula mortal que, año tras año, deja luto en decenas de hogares dominicanos.
Las cifras no mienten. En 2023, alrededor de 30 personas perdieron la vida durante el asueto; en 2024, la cifra se redujo a cerca de 27 fallecidos; pero en 2025 volvió a aumentar hasta alcanzar al menos 32 víctimas mortales, en su mayoría por accidentes de tránsito . Detrás de estos números hay un patrón alarmante: la mayoría de las muertes involucran motocicletas y decisiones imprudentes al volante, muchas veces evitables. No es casualidad que más del 80% de los accidentes en 2025 hayan tenido motociclistas como protagonistas .
La pregunta es incómoda, pero necesaria: ¿por qué seguimos repitiendo la misma historia? No se trata únicamente de falta de controles, ni de ausencia de autoridades en las vías. Se trata de cultura. De esa falsa sensación de control, de ese “a mí no me va a pasar”, de ese último trago antes de manejar o ese exceso de velocidad para “llegar más rápido”. Cada decisión imprudente no solo pone en riesgo una vida, sino el equilibrio completo de una familia que podría quedar marcada para siempre.
Hoy, más que nunca, el llamado es colectivo. No basta con operativos ni campañas temporales. La prudencia debe convertirse en un compromiso personal. Que el 2026 no sume más nombres a la lista de víctimas. Que cada dominicano entienda que regresar a casa sano y salvo también es parte del viaje. Porque al final, ninguna playa, ningún río, ninguna fiesta… vale más que la vida.




